Argentina y Chile en tránsito :: Día 24, más glaciares.

Si estás pensando en un viaje a la Patagonia te dirán y leerás que la zona de El Calafate tiene muchísimas cosas para hacer y ver. Totalmente cierto pero hay un tema que no suelen comentar: todas ellas son de pago y, para ser exactos, son bastante caras.

Navegación Lago Argentino

La excursión más famosa es la que va a Estancia Cristina. Sin duda, su precio debe valer la pena (si puedes permitírtelo, claro) pero como no quedaban plazas para este día pudimos descartarla directamente sin tener que negociarlo previamente con nuestros presupuesto y nuestra conciencia.

Dentro de las otras opciones, como el cansancio del viaje se hacía notar, elegimos una alternativa relajada y relativamente barata (realmente, cuesta decir “barato” a nada en la Patagonia, sobre todo si lo comparas con el norte del país pero es lo que hay): la Navegación Río de Hielos (432 ARS más la susodicha entradita al Parque).

Navegación Lago Argentino

Se trata de una navegación de día completo que va desde el Puerto de Punta Bandera hacia el brazo norte del Lago Argentino y donde se admiran los glaciares Upsala y Spegazzini aunque lo más llamativo es atravesar la Barrera de Témpanos que rodea a ambos glaciares. Es espectacular descubrir las extrañas formas, tamaños y colores que toman estos témpanos.

Navegación Lago Argentino

Navegación Lago Argentino

Lo bueno de tomar una excursión de este tipo (recordémoslo: NO existe otra forma de visitar esta zona si no es con una excursión privada) es que sabes que el 80% de los integrantes serán argentinos por lo que, aunque borrego, te sientes exótico y siempre puedes mantener alguna conversación interesante.

Navegación Lago Argentino

Aunque tranquila y monótona, estas excursiones en barco no dejan de ser interesantes y es que no siempre se navega entre espectaculares glaciares de indescriptible magnetismo.

 

 

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Los viajes de mi vida

 En esas listas mentales que todos nosotros nos hacemos y más de uno publica, es normal preguntarse cuál ha sido el mejor viaje que hemos realizado hasta la fecha.
Reconozco que soy una persona afortunada que ha hecho grandes viajes y, sobre todo, ha disfrutado lo indecible en cada uno de ellos será por eso que me cuesta más subrayar un único viaje.
Antes de intentar contestar a esta pregunta deberíamos definir qué hace que un viaje sea el mejor: ¿que vayamos muy lejos?, ¿que aprendamos mucho del país en el que estemos?, ¿que nos lo pasemos en grande?, ¿que volvamos con miles de fotografías que dejan a cualquiera boquiabierto?, ¿que nos pasemos las siguientes semanas suspirando por volver?, ¿que hagamos realidad un sueño?, ¿que experimentemos emociones nuevas?, ¿que nos descubramos a nosotros mismos?, ¿que, una vez que volvemos, nos parezca increíble haber estado allí?…
Maletas antiguas en un mercado chino
Para cada una de esas preguntas hay un viaje que se podría considerar el mejor pero si queremos unificar criterios quedémonos con que el mejor viaje de nuestra vida tiene que haber hecho de nosotros mejores personas, habernos llenado de energía y ganas para afrontar peores momentos y nos ha permitido descubrir lugares y personas que parecían ciencia ficción en nuestra cabeza.
Si es así, me inclino a pensar que el mejor viaje de mi vida fue el mes que pasé en Japón recorriendo la isla de norte a sur. Sé que nunca podré repetir ese viaje porque la Elena que cogió el avión con destino a Tokio poco tiene que ver con esta que escribe ahora este post, por eso temo volver aunque lo deseo indeciblemente y es que no quiero encontrarme con que lo que entonces me maravilló hoy ni siquiera reluzca un poco ante mis ojos.
Templo de Nara (Japón)
Otro viaje que lucha por ser el viaje de mi vida fue las semanas que pasé en Myanmar. La memoria, que es sabia cuando quiere, se ha encargado de atenuar las enfermedades y me ha grabado en la cabeza una única cosa: la sonrisa de los birmanos y el soniquete cantarín con el que te daban los buenos días en todo momento: ¡Mingalarbar! Aún me sigue costando comprender cómo me sentí tan acogida en un país con un régimen dictatorial que asfixia a sus habitantes.
Pescador en el Lago Inle (Myanmar)
Y, por qué no, busquemos un tercer viaje. Por eso del famoso podium, en este caso sí tengo más dudas. Quizás podría ser el Transiberiano por la experiencia y el reto vital que supuso, Argentina por lo ansiado que fue o Nueva York porque allí se cumplieron muchos sueños pero creo que hay otro viaje, más pequeño y cercano, que se merece esa posición: recorrer Islandia al ritmo de Sigur Ros fue todo lo espectacular que podía pedir; tuvo tanta magia, energía y latidos como la música de este grupo.
Cascada Seljalandfoss (Islandia)
¿Y qué quiero decir con esto? ¿Que los países/viajes que más recomiendo son esos tres? Para nada. Recordemos el posesivo que aparece en el titular de este post: son los viajes de mi vida. Son experiencias personales, subjetivas y difícilmente extrapolables a ningún otro ser en este mundo. Ni siquiera a tus compañeros de aventura que vivieron contigo esas experiencias. Recordemos nuestras clases de filosofía del instituto: “Yo soy yo y mis circunstancias” lo que, aplicado a un viaje, quiere decir que como yo me encuentre hará que considere más o menos maravilloso un paisaje o más o menos espantosa una situación difícil.
Ahora tengo un reto: hacer que dentro de unos años, nuevos viajes hayan desbancado a estas tres experiencias de mi top experiencial.

Argentina y Chile en tránsito :: Día 23, andando sobre un Espectáculo Absolutamente Extraordinario

Tras el regalo improvisado de la tarde soleada y solitaria en el Perito Moreno del día anterior, esta era la jornada en la que estaba programada nuestra visita al famoso glaciar y a pesar de que iba a llover, decidimos seguir con el plan previsto y regresar al Perito Moreno. El día anterior habíamos contratado una excursión (la única forma de llegar hasta la cima de el Perito Moreno) para realizar un trekking sobre el mismo y allá que íbamos (por primera vez en todo el viaje: pertrechados de nuestras capas de lluvia).

Algo que ya nos habían avisado y que corroboramos (para nuestro asombro) in situ fue que en El Calafate todas las excursiones están manejadas por un mismo proveedor y, en consecuencia, no existe competencia ni política de precios. Son monopolios y; por tanto: lo que hay es lo que hay: si lo quieres bien y si no también.

Sorprende también, la relación de la familia y los allegados de los Kirchner con estas empresas… en fin, que todo queda en casa (sobre todo el dinero de los turistas).

Pero como no siempre se recorren los 12.000 kilómetros que separan Madrid del Perito Moreno, pagamos los 540ARS/74€ por persona (+ tasas de entrada al Parque) por realizar un pequeño trekking sobre el propio glaciar que ofrecía la empresa Hielo y Aventura.

A primera hora nos recogieron en un bus en nuestro hotel, y nos llevaron hasta el parque. Una vez allí nos embarcamos en un bote que navegó durante 15 minutos frente al Perito Moreno. La niebla que cubría todo ese día hizo que las imágenes que desde el barco tuvimos del Glaciar fueran mágicas.

El Perito Moreno desde el barco

Una vez allí, tras una explicación sobre la historia y las causas del comportamiento del Perito y un paseo andando por la “costa”, nos calzas los crampones para empezar la caminata. Aquí un consejo: cuidado que las capas de lluvia no sean muy largas porque dificultan mucho el recorrido que, por lo demás, es muy fácil y apto para todo el mundo.

Perito Moreno

Es cierto que llovía y hacía frío pero una vez que estás sobre el hielo glaciario todo esto se te olvida y empiezas a ser consciente de lo especial que es ese momento. Ves a lo lejos otros grupos que recorren el glaciar y gracias a ellos tienes perspectiva para darte cuenta de lo enorme que es el fenómeno natural que en ese momento te sustenta. ¡Y luego empiezas a descubrir cuevas, lagos y ríos y es que un glaciar es un pequeño paraíso geográfico por recorrer!

Perito Moreno

Subida a los crampones, bajo la manta de lluvia que no dejaba de caer me di cuenta que debería existir otra categoría para definir los lugares del mundo además de las ya conocidas de Patrimonio de la Humanidad o Maravilla del Mundo, una nueva categoría que recoja todos aquellos fenómenos/lugares/experiencias que te dejan sin aliento. Debería ser algo así como Espectáculo Absolutamente Extraordinario y para conseguir esta nominación, los sitios candidatos debería superar una prueba: conseguir maravillar a la gente en las peores condiciones climáticas posibles. Si, a pesar de la lluvia, el viento, la nieve, el calor atroz… la gente sólo puede hablar de lo increíble que es lo que está presenciando, entonces ese lugar/momento merece pasar a formar parte de esa categoría. Sin duda, esta nueva lista la inauguró para mí el Perito Moreno: la experiencia única de recorrer un glaciar, pasar por sus grutas, fotografiar sus lagos y descubrir sus ríos y cascadas… es un auténtico lujo haga o no sol.

Trekking por el Perito Moreno

Trekking por el Perito Moreno

Sobre el hielo estuvimos algo menos de dos horas que se nos pasaron extraordinariamente rápidas. Luego volvimos a tierra y entonces la magia del momento se rompió ya que empezamos a ser consciente de la lluvia que empapaba nuestras ropas, lo molestos que estábamos y que no había forma de secarte para entrar en calor ya que todo en el refugio estaba igual de mojado que tú.

Tras un tiempo para descansar y comer en la cabaña, tomamos un nuevo barco+autocar que nos llevó a las pasarelas que ya habíamos recorrido el día anterior pero que no pudimos resistirnos de volver a visitar.

El Perito Moreno desde las pasarelas

Hasta que no llegamos de nuevo a El Calafate (donde, por cierto, no había dejado de brillar el sol todo el día) y nos cambiamos de ropa no fuimos conscientes de lo especial que es este paseo. Daré la razón a todo aquel que diga que es caro, pensado para guiris y escaso de tiempo pero nadie puede dejar de sentirse único cuando da esos primeros pasos sobre la masa de hielo más famosa del planeta que es, a su postre, el primer Espectáculo Absolutamente Extraordinario de mi recién creada lista :)

 

 

Argentina y Chile en tránsito :: Día 22, el Perito Moreno en sesión continua

El vigésimo segundo día de viaje se iniciaba con una nueva jornada de tránsito. Dejar un lugar para descubrir otro, el sino del viajero.

En esta ocasión era el pequeño pueblo de El Chaltén el que pasaba a ser una anotación en el diario de viaje para dejar paso a nuevos lugares en nuestro recorrido por la Patagonia.

El Chaltén sobre el papel lo tenía todo para ser una parte del viaje perfecta. En la realidad lo tuvo todo para ser un absoluto infierno. Lo sorprendente es que el recuerdo que me dejó dista mucho de ser malo: descubrí un sitio increíble en unas condiciones meteorológicas horribles. La multitud de trekkings, lo amigable de los vecinos, sus cálidos restaurantes, lo fastuoso de los montes, la tranquilidad de sus noches… El Chaltén me dejó tantas cosas buenas que tengo claro que si algún día vuelvo a estar cerca de Argentina, no podré dejar de volver.

Con el tiempo le he perdonado las ventiscas y las nieves que entorpecieron los trekkings pero, quizás, lo que nunca llegue a perdonarle a El Chaltén es la preciosidad de día con el que me despidió: cielos de azul puro, moteados de algodonosas nubes y un desconcertante arcoíris que atravesaba el pueblo de punta a punta.

El Chaltén

Pero había que irse y es que a 215 kilómetros teníamos una cita con el sueño de cualquier viajero: El Perito Moreno.

De nuevo, la mejor forma de unir ambas poblaciones era el autocar, así que madrugamos para tomar el primer bus que salía a las 09h.

Las tres horas de recorrido entre un punto y otro se pasan rápidamente si te dejas llevar por los increíbles paisajes que ves desde la ventanilla. Esta carretera que bordea los enormes lagos Viedma y Argentino es uno de los recorridos por carretera más lindos que hay por la zona.

Alrededores de El ChalténLlegamos a la estación de bus sobre las 12h y de ahí nos fuimos raudos (a pesar de que nos perdimos varias veces antes de dar con nuestro precioso alojamiento para los siguientes días: Miyazato Inn).

El motivo de estas prisas era debido a que la portadora de malas noticias oficial del viaje, la previsión del tiempo, anunciaba lluvia para los siguientes días así que optamos por seguir el consejo de unas montañeras rusas que conocimos en El Chaltén y tomamos un bus público que nos llevaba en turno de tarde al Perito Moreno (140 pesos i/v). A este coste tienes que sumar el precio de las entradas al Parque Nacional de Los Glaciares (100 pesos por persona). Este Parque Nacional es el mismo que rodea a El Chaltén pero allí no se aplica este impuesto-guiri que deberás pagar cada vez que quieras entrar en el Parque en El Calafate (en mi caso: 3 veces).

Pero mereció la pena las prisas y el coste: poder disfrutar toda una tarde de la maravilla de El Perito Moreno casi a solas (sí, los grupos de turistas no trabajan la tarde y se condensan en la mañana llenando las pasarelas como si el día acabase a las 13h).

Y qué decir de El Perito Moreno… podría publicar un millón de fotos y ninguna le haría justicia.

Primera vista de El Perito Moreno desde el mirador

Vistas de El Perito Moreno

Perito Moreno

Perito Moreno

Perito Moreno

Perito Moreno

Fragmentos de hielo

Después de recorrer con ansiedad las pasarelas para ver el glaciar desde todos los puntos de vista posibles, acabamos sentados en la barandilla disfrutando de su inmensidad como si de una sesión de cine al aire libre se tratase hasta que llegó la hora de tener que tomar el bus de vuelta.

El autobús recorre la distancia entre el Perito Moreno y El Calafate en menos de hora y media, por lo que cogiendo el último bus del día que sale a las 19:30h llegas a las 21h a la ciudad. Aún con tiempo de tomarte algo y seguir pensando en la maravilla que acabas de tener la suerte de presenciar.

 

 

 Argentina y Chile en tránsito :: Día 21, acercándonos a la Laguna de los Tres

Si la previsión meteorológica del día anterior era mala, la de este día era terrible pero, ¿no se equivocan los hombres del tiempo cada dos por tres? Quizás este fuera uno de esos días…

Por supuesto no fue así, y la lluvia se convirtió en nieve y finalmente, en un viento horrible que nos impidió por muy poco llegar a la cima de la Laguna de los Tres. Nos perdimos las vistas desde ese punto del glaciar de los Tres y del Fitz Roy pero sí disfrutamos durante todo el trayecto de esos senderos que se pierden entre bosques de lengas, los glaciares que aparecen tras cada esquina y esos árboles caídos que parecen querer contar mil y una historias de otros tiempos.

Glaciar en el Trekking de la Laguna de los Tres

Por comenzar con lo más práctico, decir que optamos por ir en auto hasta El Pilar y desde allí empezamos la caminata. Fue más una decisión práctica: esos 20 kilómetros de recorrido no te aportan nada de interés y, quieras que no, cansan. Es mucho mejor guardar fuerzas para hacer los posibles anexos a este recorrido que te encuentras durante el trekking. Además, de esta forma el recorrido es circular y conoces nuevas zonas.

Desde El Pilar, toda la caminata es sencilla y cómoda a excepción de la mencionada subida a la Laguna; se trata de 500 m. de ascenso bastante empinado y la nieve blanda con la que nos encontramos dificultaba aún más la subida. Es recomendable para este tramo contar con bastones que pueden ayudar en determinadas zonas (los alquilan en el propio pueblo de El Chaltén si no quieres viajar con ellos).

Las vistas desde la cima deben merecer la pena, desgraciadamente, tendré que esperar a un segundo viaje para recorrer los escasos 200 metros que nos quedaron.

El resto del trekking fue, como no podía ser de otra forma, sorprendente. Especialmente porque si en la subida a la Laguna nevaba y hacía un fuerte viento, en las últimas horas del recorrido salió el sol y quedó un espectacular día de primavera.

Trekking la Laguna de los Tres

En fin, no me puedo quejar, ya que esto nos permitió ver, por fin, al ansiado Fitz Roy.

Todo El Chaltén, cuando el pico está visible, se gira hacia él y es que es innegable, a la vez que inexplicable, el irresistible magnetismo que este pico ejerce sobre cualquiera que lo vea.

Fitz Roy

Con la imagen del Fitz Roy y una espectacular cena junto al fuego en el restaurante La Tapera nuestro paso por El Chaltén llegaba a su fin.

 

 

Argentina y Chile en tránsito :: Día 20, El Chaltén, un paraíso para los excursionistas.

El Chaltén no es ni mucho menos la zona más conocida de Argentina y ahí reside su encanto o, al menos, parte de él pero, con menos de 25 años de historia, la fama de este minúsculo pueblo no deja de crecer. Y, la verdad, motivos no le faltan.

Vistas de El Chaltén

En pleno Parque Nacional de Los Glaciares, a 3 horas de viaje desde El Calafate y  con todas las comodidades que los apasionados de la montaña buscan (hoteles de todos los bolsillos, restaurantes, supermercados, tiendas de productos de trekking, servicio de guías…) este pueblito de 2000 habitantes tiene muy claro qué puede ofrecer. Y lo hace de maravilla.

Si no tienes intención de calzarte unas botas de montañas y lanzarte senda a través, El Chaltén no tiene demasiado que ofrecerte y eso lo digo a pesar de que fue el lugar donde más a gusto me sentí de todo el viaje.

Ruta Laguna Torre

Si hubiera que personificar la fama de El Chaltén, el nombre y apellido del vecino más ilustre sería sin duda el majestuoso Fitz Roy, el cerro que preside la cordillera y al que tanto vecinos como visitantes rinden pleitesía cuando se digna a aparecer.

Ahora bien, como todo en esta vida, un viaje es un juego y a veces te tienes que arriesgar aún sabiendo que puede no salir bien. En nuestra visita a El Chaltén suerte, lo que se dice suerte, no tuvimos: lluvia, nieve y viento nos acompañó los dos días de marchas. Eso sí, a media tarde, cuando ya volvíamos calados y agotados hacia el refugio, el día quedaba claro… Aquí Murphy nos miró muy pero que muy mal.

Pero como una vez que estás allí no vas a quedarte en el hotel (por cierto, muy recomendable el B&B Nothofagus. Uno de los mejores alojamientos de todo el viaje) te lanzas a la montaña confiando en que las previsiones se equivoquen.

B&B en El Chaltén

Para la primera salida elegimos la ruta a la Laguna Torre. Este trekking, no demasiado exigente, duraba unas 6 horas en total (ida y vuelta por el mismo camino).

Trekking El Chaltén

El camino hasta la Laguna es a través de bosques y arroyos, siguiendo el curso del río de Las Vueltas. El camino está perfectamente señalado y es un trekking muy agradable (con nosotros, además, el tiempo   se portó bastante bien). La llegada a la Laguna Torre impresiona, primero por los picos extraordinarios que la envuelven (yo sólo los intuía por las nieblas que en ese momento empezaban a bajar) y segundo porque durante todo el año en sus aguas flotan fragmentos de hielo desprendidos del Glaciar Grande. Para ponerle emoción a la subida desde la Laguna empezó a nevar y a soplar el viento hasta que en un momento no veíamos un metro más allá de nuestras narices.

Laguna Torre

La vuelta a El Chaltén, empapados, fue menos agradable que la ida pero tras una taza de té caliente, volvimos a sentir lo increíble que era estar en un sitio así… aún a pesar de las nubes que seguían ocultándonos el Fitz Roy.

 

 

Argentina y Chile en tránsito :: Día 19, imágenes de la Patagonia

Antes de este viaje en mi cabeza la Patagonia eran lugares comunes sin ubicación real en el mapa ni conocimiento del mismo. Pero eso era antes.

Desde ahora la Patagonia para mi será Ushuaia con su leyenda y sus contradicciones como debe ser cualquier imagen de la Patagonia que se precie.

Contradicción que su denominación sea Tierra de Fuego cuando está rodeada de nieve.

Contradicción porque aunque es el Fin del Mundo a los geólogos les ayuda a entender el comienzo del mismo.

Contradicción porque venden un claim que oculta la belleza de sus tierras.

Contradicción porque de la nada que uno espera, se encuentra con mucho más que todo.

Ushuaia desde el Canal de Beagle

Desde el Glaciar Martial, última visita en Ushuaia, puedes darte cuenta de lo poderosa que es esta tierra tan extrema y del valor que tiene estar allí. Rodeado de leyendas, mitos e historia pero, sobre todo, de una naturaleza que es la protagonista entre todo y todos.

Un buen sitio el Glaciar para Martial para despedirte de esta tierra, desde lo alto, viendo el Canal de Beagle al fondo con la isla Amabarino e intuyendo dónde comienza el Parque de Tierra de Fuego a uno le da la impresión de sentirse en un mundo infinito.

Vistas desde el Glaciar Martial

Luego poco más quedaba por hacer. Despedirse de la ciudad y de la gente que tan bien nos había tratado y tomar un taxi hasta el flamante aeropuerto de la ciudad donde, antes de salir, tendrás que pagar las tasas aeroportuarias. Mientras miras por sus enormes cristaleras te preparas mentalmente para un nuevo vuelo-aventura sobre los Andes, esta vez a un destino aún más famoso: El Calafate, aunque sólo sea de paso por el momento ya que sin salir del aeropuerto un bus nos llevará a El Chaltén, una famosa zona de senderismo de la región. Una nueva parada del viaje que prometía tanto…

Despegando de Ushuaia

Carretera El Calafate - El Chaltén

Ya en El Chaltén, aunque miramos entre las nubes a ver si conseguimos intuir el famoso Fitz Roy que se oculta altivo detrás de ellas no podemos quitarnos de la cabeza lo que supuso Usuhaia para este viaje. Mañana ya tocaría centrarse en las rutas y montes que teníamos delante, de momento podíamos seguir recordando nuestro paso por el Fin del Mundo.