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Argentina y Chile en tránsito :: Día 12, las dos caras de las cataratas

El mejor consejo que se puede dar en Iguazú es: no hagas caso de las previsiones del tiempo. No es que estas sean mucho más fiables en otras partes de Argentina o del mundo pero en Iguazú resultaron ser completamente erróneas.

Así pues, lo que se esperaba fuera un día soleado y tranquilo amaneció encapotado y con clara intención de ponerse a llover a las primeras de cambio. Un día muy triste.

Cataratas de Iguazú tras la roca

Era una auténtica pena :( Para aquellos que sólo hayáis visto Iguazú nublado podréis pensar que es igual de alucinante que con sol pero no es así: los arcoiris, las mariposas, los pájaros, el color de las cataratas… todo cambia (y mucho) y en el día de hoy lo pudimos descubrir.

Ir desde Puerto Iguazú a la entrada del Parque Nacional de Iguazu es muy sencillo, un bus urbano te lleva por 25ARS (un precio un poco caro para el camino que recorre).

En la parada de bus nos enteramos que habíamos tenido mucha suerte yendo el día anterior a la zona brasileña ya que hubo un accidente con un camión en la carretera hacia el parque y el tráfico estuvo cortado toda la mañana… estas son las incidencias que nunca puedes prever en tu viaje y que puede hacer que si destinas un único día a ver las dos zonas del parque te quedes sin verlo.

Cuando llegas a la Entrada del parque te das cuenta que las instalaciones argentinas no están al nivel de las brasileñas en orden ni en limpieza pero teniendo en cuenta que la fama está de su parte, tampoco lo necesitan.

Así bien, después de pagar los 17€ al entramos en el Parque.

Parque Nacional de Iguazú

En el lado argentino han sustituido al autobús de dos pisos que hay en Brasil para moverte por la zona por un tren eléctrico muy mono pero muy ineficaz ya que pasa cada 30 minutos y, normalmente, siempre va muy lleno por lo que hay que hacer cola para conseguir sitio. Conclusión: que vas a tener que ir andando a todos los sitios.

¿Cuál es la parte buena? Que la zona es preciosa.

¿Y la parte mala? Que los senderos son muy estrechos por lo que si te toca (que te tocará) junto a un grupo de adolescentes o jubilados prepárate para ir a su paso hasta que llegues a un ancho del camino.

Nosotros hicimos el paseo superior y luego el inferior y más tarde pasamos en barco a la Isla de San Martín. Una vez en la isla vimos que las nubes iban perdiendo la batalla al cielo azul: había llegado la hora de ir a la auténtica joya de la corona del Parque: la Garganta del Diablo.

Para ir a la Garganta sí que cogimos el trenecito.

La Garganta del Diablo

Una vez allí hubiera dado igual que estuviera granizando: el espectáculo es tan alucinante que se te olvidan los miles de turistas que tienes a tu alrededor, el cambio de aire que hace que te pongas perdido de agua (y lo peor no eres tú, sino tu cámara de fotos) o los fotógrafos profesionales que intentan echarte para hacer fotos a sus clientes. Cuando estás allí sientes que la Garganta está rugiendo sólo para ti y eso te hace sentir tan especial :)

Iguazú, lado argentino

El día que había amanecido nublado se había quedado despejado y precioso. Aún teníamos muchas horas por delante y había que tomar una decisión: o hacíamos el sendero Macuco o repetíamos el paseo de la mañana. Optamos por lo segundo y fue entonces cuando nos dimos cuenta cómo cambian las cataratas de un día con sol a uno nublado: parecía un nuevo paisaje, todo era más espectacular, más vivo y con tantos matices que iban apareciendo que parecía una ruta nueva a la que habíamos hecho por la mañana.
Y a este bella luz se unía otro hecho que hacía que el paseo fuera irrepetible: ¡íbamos completamente solos! todos los grupos de turistas que llenaban los caminos habían salido corriendo hacia su siguiente destino por lo que a partir de las 15h el parque se había quedado vacío (tenlo en cuenta cuando vayas a programar tu visita).
Estas tres últimas horas de recorrido por el Parque borraron todos los sinsabores de la mañana e hicieron que nos fuéramos hacia Port Iguazú con la sensación de estar abandonando uno de los lugares más mágicos del mundo.

 

 

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DICCIONARIO DEL TRANSIBERIANO: S de Samovar

Diccionario del Transiberiano: Un pequeño repaso al viaje siguiendo el mapa del alfabeto.

Samovar de un tren en el Transiberiano

S de Samovar

En todos los trenes del Transmongoliano te encontrarás con un samovar; un recipiente metálico (similar a un termo) que se emplea para almacenar agua caliente.

Es muy útil para preparar tés y cafés así como para “cocinar” noodles, sopas instantáneas o alguna de las otras viandas con las que alimentarse durante el viaje.

Realmente, los samovares existen en la cultura rusa desde hace un par de siglos pero entonces su función era más doméstica, y aunque seguían siendo recipientes donde hervir agua y mantenerla caliente, realmente se empleaban como teteras para preparar y tener siempre lista una infusión calentita.

Volviendo al Transiberiano, una vez que entres en el tren necesitas localizar tres puntos: tu compartimento, el baño y el samovar… y no necesariamente por ese orden.

DICCIONARIO DEL TRANSIBERIANO: N de Noodles

Diccionario del Transiberiano: Un pequeño repaso al viaje siguiendo el mapa del alfabeto.

Comida Transiberiano a base de noodles

N de Noodles

O llamémoslo sobrevivir porque alimentarse es quizás un verbo demasiado generoso

No te engañes, por muchos alimentos que adquieras en las grandes ciudades y comida preparada le compres a las babuskhas terminarás recurriendo a los noodles preparados que sólo necesitan agua caliente para estar listos.

Y un bote no está mal… pero al quinto empiezas a odiarlos a muerte y te sientes un poco astronáuta, cocinando con tanto sobre y tanta mezcla extraña.

Pero, un Transiberiano sin noodles es como una escapada a Valencia sin paella o una estancia en Japón sin sushi… lo queramos o no es la comida típica de este viaje.

Los amantes de la alta gastronomía tendrán que buscar otro viaje o dejar sus espectativas culinarias en su país de origen, ¡aquí el noodle es el rey!