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Argentina y Chile en tránsito :: Día 28, una ciudad, un barrio

Hay ciudades que están muy unidas a la imagen y personalidad de un barrio. Sin duda, Buenos Aires se define en el imaginario popular por la esencia que el barrio de Boca deja.

Graffiti en el Barrio de Boca

Casas de colores, tango y fútbol, ¿falta algún tópico? Lo dudo.

Cancha del Boca

Alertados como estábamos de la “peligrosidad” de Buenos Aires y de este barrio en concreto, tomamos un taxi para ir hasta allá. Una vez allí, nos dimos cuenta que con sentido común no hace falta tomar más precauciones que las que son necesarias en cualquier ciudad: cuidado con las carteras en las zonas donde se reúnan multitudes, evita zonas desconocidas cuando se ponga el sol y no llames la atención en exceso. Pero, al menos, en noviembre de 2012, mi experiencia fue que tanto Buenos Aires como Boca son lugares tranquilos y seguros.

Pintada en el Barrio de Boca

Boca no tiene nada que ver sino que son calles para pasear y perderse. Sin duda, hay que andar por Caminito, recorrer la calle Olivarria, visitar La Bombonera y la Fundación Proa… pero los mejores rincones los encontraréis en los lugares más insospechados del Barrio.

Caminito, Boca

De Boca salen varios buses que te llevan al barrio/zona denominada Microcentro donde, además de estar los edificios gubernamentales, están otros lugares de interés que merecen recorrerse como Edificio del Correo Central, las Galerías Pacífico, el Cabildo, el Palacio Municipal, la Casa Rosada, la Catedral Metropolitana, la Farmacia de la Estrella, la Librería de Ávila (que es la más antigua de la ciudad) o la Basílica de Santo Domingo.

Plaza de Mayo y Casa Rosada

La suerte (y un poco de planificación) hizo que nuestra visita a Buenos Aires comenzase en jueves: día en el que se reúnen las Madres de la Plaza de Mayo. Todas las tardes a las 15:30h se congregan estas luchadoras para seguir recordando la memoria de quienes perdieron la vida por no pensar igual que el Dictador Videla. Su lucha no debe empañarse por vinculaciones políticas que de un tiempo a esta parte se hayan podido crear: se merecen el abrazo y el aplauso de todos nosotros.

Madres de la Plaza de Mayo

Y como al día aún le quedaban horas, seguimos visitando el Barrio de Congreso donde está el Teatro Colón, el Palacio del Congreso, el Palacio de las Aguas Corrientes, el famoso Café Tortoni, la gigantesca Avenida 9 de Julio o la Avenida Corrientes.

Palacio de las Aguas Corrientes

Una visita que no puede faltar en Buenos Aires se encuentra en la Avenida de Santa Fé y se trata de una librería, pero no una cualquiera, una de las más espectaculares que se pueden encontrar en el mundo: la Librería El Ateneo que ocupa el lugar del antiguo Teatro Gland Splendid. No os lo podéis perder.

Librería El Ateneo

Para que no faltase de nada, este día estaba convocada una cacerolada-manifestación masiva contra las políticas del gobierno de Cristina Fernández. No hacía falta ir al Obelisco, en todas las calles de toda la ciudad los bonaerenses salieron a la calle con sus cazuelas para reivindicarse y dejarse oír. Espectacular el grito reivindicativo que ensordeció Buenos Aires esa tarde.

Tras recorrer el barrio que da imagen a Buenos Aires, aplaudir a las Madres de la Plaza de Mayo, comer en el café London donde Cortazar escribía sus novelas, descubrir una de las librerías mas bonitas del mundo, unirnos involuntariamente a una cacerolada… aún tuvimos tiempo para ir a un show de Tango. Nuestro conocimiento del baile era (y es) bastante nulo así que nos dejamos asesorar y terminamos en Complejo Tango. Seguro que hay sitios más auténticos para disfrutar del Tango callejero pero como primera toma de contacto nos pareció muy buena.

Demostración de Tango

Y ya sí que sí, el día terminó…

 

 

Argentina y Chile en tránsito :: Día 7, amaneciendo en Salta la Linda

Tras 17 horas metidos en un autocar, cuando llegas a Salta a la una y media del mediodía  estás deseando ponerte en movimiento. Y eso hicimos nada más bajar del bus.

Lo primero era dejar las maletas en nuestro alojamiento. En Salta elegimos un hotelito correcto con un personal que era una maravilla: se trataba del Hotel Aldaba (376ARS / 50€ por noche) que se encuentra en la animada zona de La Balcarce.

Calle de Salta

Para llegar al hotel cogimos un bus desde la estación. Se podría decir que según como te traten en un autobús urbano de cualquier lugar del mundo te sirve para hacerte una idea bastante acertada de cómo será la gente de ese lugar; si esto esto así y teniendo en cuenta lo que nos ayudaron los salteños que nos encontramos, nos dimos cuenta rápidamente que la gente del norte de Argentina tenía que ser muy especial.

Salta es una ciudad coqueta, con un centro histórico colonial precioso y alrededor del cual se expande la ciudad.

Catedral de Salta

La Plaza del 9 de julio es el corazón neurálgico de la ciudad: cualquier paseo por Salta pasa una y otra vez por esta concurrida y entretenida plaza en la que se encuentra en sus márgenes algunos de los principales monumentos de la ciudad como son la fotogénica Catedral de Salta, el Cabildo de estilo criollo o el moderno e importante Museo de Arqueología de Alta Montaña (MAAM).

En las inmediaciones de la plaza se alza la espectacular Iglesia de San Francisco, inconfundible por sus tonos granas y albero. Merece seguir el camino hasta el Convento de San Bernardo, uno de los edificios más antiguos de la ciudad.

Iglesia de San Francisco (Salta)

Tras ver estos imprescindibles salteños, toca perderse sin rumbo por la ciudad, descubriendo preciosas edificaciones e insólitas callejuelas. A nosotros, además de descubrir nuevos rincones, nos tocaba organizar el resto de nuestra estancia en Salta.

En un principio, la idea era tomar el famoso Tren de las Nubes que salía al día siguiente pero una vez que había leído sobre la zona del norte de Argentina había otras nuevas rutas que quería descubrir (y cuyo coste era infinitamente menor que los tickets del turístico tren) así que decidimos organizar los días con dos excursiones: una hacia el sur de Salta: al Cafayate pasando por la Quebrada de las Conchas y otra hacia el norte, hasta Humahuaca. Si no tienes mucho tiempo, es imposible (o, al menos, yo no encontré la forma de hacerlo) ir en transporte público por tu cuenta a ambos sitios y volver en el día así que o alquilábamos coche o recurríamos a las odiosas excursiones organizadas. Una vez más, la calculadora decidió por nosotros: tocaba excursión.

Preguntamos en unas cuantas agencias y los precios eran los mismos aunque en algunas de ellas afinaron más los precios por el conjunto de las dos rutas y como, en realidad, terminaban siendo el mismo viaje (literalmente) optamos por reservar las dos salidas con Tastil Viajes (las dos excursiones pagadas en metálico nos salieron por 440ARS por persona; unos 58€).

Ahora ya sí, tocaba disfrutar del ambiente salteño, donde íbamos con cuatro obligaciones enogastronómicas que no pensábamos dejar de cumplir:

  • Probar la empanada salteña
  • Beber el té de coca
  • Probar el torrontés que se hace en Cafayate
  • Disfrutar de la cerveza negra que lleva el nombre de la ciudad

Y, ahora, añadiría una más: disfrutar de la milanesa de la casa en el Jovi II, ¡espectacular!

Milanesa argentina

 

 

Argentina y Chile en tránsito :: Día 1, aterrizando en Santiago

Doce de la noche. Aeropuerto de Barajas. El tradicional retraso en la salida del vuelo hace que las conversaciones en la puerta de embarque se mezclen. Los hay que comentan el terremoto que acaba de producirse en el centro de Chile y que se ha dejado sentir vivamente en la capital; otros mencionan la temperatura excepcionalmente alta que ha hecho en Santiago la última semana; otros siguen haciendo una lista mental de las cosas que se han quedado sin hacer y que ya no tienen solución. Yo me encuentro en este último grupo, con la cabeza aún muy lejos de mi destino. Por fin, Iberia nos deja acceder al avión y con media hora de retraso (¿una premonición de lo que será el resto del viaje?) despegamos.

Lo bueno de volar a Latinoamérica en este horario es que es fácil acostumbrar a tu cuerpo a la diferencia horaria: Tomas el avión, duermes todo lo que puedas y despiertas en Santiago cuando allí el día comienza; ¡y menudo despertar!: amaneces sobre un manto de nubes por la que escapa una irresistible e irreal bola dorada. Debajo de todo ello el Océano Atlántico sobre el que llevas volando más de 10 horas.

Las ganas de empezar el viaje que ayer el stress y el cansancio disimulaban, emergían según el avión se acercaba a la pista de aterrizaje.

Aunque hay diferentes vías para comunicar el aeropuerto con el centro de la ciudad, elegimos el taxi para poder aprovechar al máximo el día. En el coche, el conductor nos cuenta que la temperatura ha bajado vertiginosamente (más de 14 grados de un día para otro) y culpan de ello al terremoto del día anterior. Hemos pasado del otoño primaveral de Madrid a la invernal primavera de Santiago… qué le vamos a hacer.

Taxi en Santiago

Los primeros paseos por la ciudad están marcados por este frío inesperado y por la quietud de una ciudad que parece querer pasar inadvertida.

Como el tiempo que podíamos dedicar a Santiago no era mucho hicimos un itinerario de un día que recogía los principales puntos de interés de la ciudad (planning no apto para quienes les gusta tomarse la vida con calma):

Comenzamos recorriendo las calles de París y Londres y entrando en la Iglesia de San Francisco donde vimos, por primera vez en el viaje, la curiosa práctica de encargar chapas metálicas grabadas para colocar en los altares en las que se agradece a la virgen o el santo el cumplimiento de un milagro solicitado. Esta Iglesia es el edificio más antiguo de Santiago pero en importancia histórica le gana el Palacio de la Moneda, siguiente parada de la ruta, rodeado de la Plaza de la Constitución y la Ciudadanía; bonitos nombres para dos recintos más tomados por las fuerzas del orden que por los habitantes de la ciudad. En la primera de estas plazas se encuentra el monumento homenaje a Salvador Allende, el cual está permanentemente vigilado por un guarda armado; una muestra más que las huellas del pasado se digieren mal en todos los países.

Estatua Salvador Allende en Santiago

El paseo sigue por el Congreso Nacional y los Tribunales de Justicia y desemboca en la Plaza de Armas, un bonito sitio de encuentro donde se reúnen jóvenes y viejos a charlas, jugar al ajedrez o ver la vida pasar a la sombra de las enormes palmeras que abrazan la plaza. Allí se encuentra la Catedral Metropolitana que bien merece una visita.

Desde allí a la Estación Mapocho, una antigua estación de ferrocarril reconvertida en Centro Cultural, y al Mercado Central; la visita más imprescindible de Santiago ya que se trata del bullicioso centro de reunión de la ciudad; un espacio donde curiosear entre sus puestos, probar exóticos mariscos o perder el tiempo observando a quienes allí van.

Mercado Central de Santiago

De camino al barrio de Bellavista se puede pasar por el Palacio de Bellas Artes donde se encuentran dos museos que no pude visitar por falta de tiempo: el Museo Nacional de Bellas Artes y el de Arte Contemporáneo  (especialmente interesante parecía este último). La Chascona, la excusa principal para llegar a Bellavista aunque ni mucho menos la única visita de la zona, es la casa en la que Pablo Neruda vivió con Matilde Urrutia y que recrea el interior de un supuesto barco (más sobre la Chascona). Cerca de este lugar, se encuentra el Patio Bellavista, perfecto para tomar algo o curiosear entre sus tiendas.

Detalle de La Chascona (Santiago)

Quizás el orden del itinerario no fue el adecuado o las fuerzas por el jet-lag no eran las idóneas porque llegamos cuando ya estaba cerrado al Museo de Artes Visuales. Una verdadera lástima pero al menos pudimos visitar el espectacular Barrio de Lastarria antes de que el cansancio nos hiciera decir adiós a Santiago.

La lista de cosas pendientes que tanto agobiaban 24 horas antes empiezan a difuminarse… El viaje ha comenzado.

 

Continúa el viaje, día 2

Escapando: Fin de semana de tres días en Málaga (1)

Desde que hace 5 años se inaugurara el AVE que une Madrid y Málaga en tan sólo dos horas y media, los 540 kilómetros de distancia que separan ambas ciudades ya no son un problema para pasar un fin de semana en la ciudad andaluza.

Buganvillas caídas

Si madrugas y tomas el AVE de las 7:30h, a las 11h estarás desayunando tan ricamente en el Café Central de la Plaza de la Constitución, todo un clásico entre turistas y lugareños. Es famoso el mural que en su interior muestran las infinitas formas de pedir café que existen en Málaga y por su excelente ubicación aunque, sin duda, encontrarás mejor servicio en cualquier otro bar de la ciudad.

De la misma Plaza de la Constitución sale el Pasaje de Chinitas, una pequeña calle que acogía anteriormente el conocido Café de Chinitas y en la que ahora los restaurantes y las tiendas de souvenirs que se solapan unos con otras, intentan mantener vivo el espíritu tradicional de esa zona.

Detalle del Patio de los Naranjos

Siguiendo su senda se llega al Patio de los Naranjos donde están dispuestas la Iglesia del Sagrario y la Catedral. La primera ocupa el lugar de la anterior Mezquita y aunque de reducidas dimensiones tiene tanto una fachada como un interior interesantes; ni por historia ni por monumentalidad puede hacer frente a su vecina pero por sensaciones, me quedo con la que te provoca el Sagrario. Por supuesto, es difícil decir que no a la Catedral y terminas pagando los 5€ de la entrada; su interior, monumental y tradicional, no consigue dar la sensación de aplomo y espiritualidad que otros templos españoles sí logran. Su interior es… frío, a pesar del fantástico coro, el imponente órgano y un par de pequeños retratos curiosos la impresión con la que salí (y aquí recurro a la primera persona porque es una opinión aún más subjetiva que la que existe en todo el post) es que no hubiera pasado nada si no hubiera entrado.

Catedral de Málaga

Tras salir de la Catedral y rodearla hasta la Plaza del Obispo te encuentras con la entrada al Palacio Episcopal, uno de los edificios más interesantes de la ciudad y mejor conservado, que acoge el Museo de Málaga.

Interior del Palacio Episcopal de Málaga

Volviendo por nuestros pasos iremos al encuentro del nuevo Museo Carmen Thyssen. Hace justo un año, el rehabilitado palacio de Villalón abrió sus puertas para mostrar la colección de arte personal de Carmen Thyssen. Se trata de un museo pequeño pero excelentemente iluminado y con obras magníficas. De momento, no parece estar excesivamente solicitado por lo que pasear entre sus cuadros es una agradable experiencia. Especialmente significativos son las obras de Antonio Maria Reyna –Vista de Venecia-, Julio Romero de Torres –La Buenaventura-, Ramón Casas –Julia-, Eugenio Lucas Villaamil –Llegada al teatro en noche de baile de máscara-, Guillermo Gómez Gil –Lavandera– y Enrique Martínez Cubells –La Puerta del Sol de Madrid-.

Terraza del Museo Carmen Thyssen

Si, como yo, acabas de llegar de Madrid o de cualquier punto del interior seguro que estás deseando escaparte a ver el mar… la hora de la comida es un buen momento para hacerlo

El autobús 11, que se coge en el Paseo del Parque, te lleva a la Playa del Chanquete donde tienes una enorme oferta de bares, restaurantes, chiringuitos y demás lugares para disfrutar de una gran comida.

Uno de ellos, siempre a rebosar, es El Tintero. Se trata de un sitio algo diferente al resto de los locales que se apiñan al borde de la playa ya que en este restaurante se “subastan” los platos de pescaito que van saliendo de la cocina. Por eso mismo, se trata de un lugar muy ruidoso pero, al mismo tiempo, muy divertido. Es una experiencia estar a la caza del plato atento a los gritos de “boquerones”, “salmonetitos fritos”, “la peregrina a la plancha”, “una tropical”… y el puntual: “y yo cobro” que anuncia que la persona encargada de hacer la cuenta de la mesa está cerca. Sin duda, uno de esos sitios memorables que recordaras tanto por su comida como por la experiencia, más allá de lo culinario, que supone estar allí.

Restaurante El Tintero en Málaga

Y luego queda una tarde para pasarla paseando por la playa y tomando algo en sus cafés, como el Mandala, en el Paseo Marítimo del Pedregal número 3, con una excelente terraza en la que ver ponerse el sol sobre el mar.

Vuelta al centro de la ciudad, por suerte, Málaga cuenta con un amplio y frecuente servicio de autobuses por lo que el regreso no será muy pesado. Un consejo, aunque se trata de una ciudad accesible a pie, conviene echar cuentas y sacarse una tarjeta de autobuses ya que de esta forma el viaje saldrá mucho más barato que pagando cada billete suelto.

Toca pensar en irse a descansar. Un posible alojamiento es el Hotel Larios de la cadena Room Mate; que tiene una excelente ubicación y unas bonitas habitaciones.

Unas horas antes estabas abandonando la estación de Atocha con un cielo aún sin color. Ahora, te acuestas con el eco del mar, el olor del pescaito y la sensación de que mañana será otro gran día.