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Escapando: Fin de semana de tres días en Málaga (3)

Últimas horas antes de abandonar Málaga pero aún queda muchos sitios interesantes por los que pasear.

Un buen sitio para empezar la visita es el Mercado de la Atarazanas que aún conserva una bonita puerta de entrada que pertenecía al edificio nazarí que hacía las funciones de astillero.

Cerca del Mercado empieza la llamada Alameda Principal, una importante avenida repleta de árboles y coches que desemboca en el Paseo del Parque.

Desde allí se puede coger un autobús que te sube hasta el Castillo de Gibralfaro aunque si te has levantado con fuerzas bien puedes subir andando a través de un agradable camino que pasa por la Aduana y la Alcazaba. Las vistas desde lo alto del castillo permiten contemplar toda la ciudad de Málaga e ir uniendo mentalmente todos los puntos que has visitado los días anteriores.

Vistas de Málaga desde el Castillo

El paseo natural pasa del Castillo a La Alcazaba, uno de los pocos recuerdos de la época medieval que se conservan en la ciudad, y de allí al Teatro Romano.

Otro recorrido interesante es el que te lleva desde el edificio de la Aduana (actualmente en obras) al Ayuntamiento y los Jardines de Puerta Oscura. Para regresar de nuevo, por el Paseo del Parque.

Detalle de flores en Málaga

Otro sitio típico-tipiquísimo de Málaga para comer es El Pimpi (no confundir con El Pimpi La Florida). Este famoso local da a varias calles de la ciudad, entre ellas la concurrida calle Granada, y en sus diferentes salones se muestran fotos de celebridades y cubas de vino dedicadas por los amigos del Pimpi más conocidos.

Bodegas El Pimpi

Quizás, si el día es caluroso te apetezca un helado, que mejor que probar los de Casa Mira, un local con más de 100 años de historia que está siempre de bote en bote.

Y como el tiempo antes de volver a casa se agota, sólo resta un último paseo viendo algunos templos importantes de la ciudad como la Iglesia del Santo Cristo de la Salud o el Santuario de Nuestra Señora de la Victoria o simplemente, callejeando por los lugares que más nos hayan gustado de lo visto estos últimos días.

Toca regresar. Toca poner el paréntesis de cierre a estos tres días paseando por esta ciudad del sur calmada en esencia pero de alma inquieta.

 

 

De interés:

Para los viajeros adictos a su smartphones, Málaga ofrece dos apps muy interesantes y útiles:

Por un lado, Málaga Ciudad Genial, una app que incluye planos e información práctica de la ciudad.

Además, la app EMT Málaga permite, a través de la realidad aumentada, encontrar qué parada de autobús hay en las cercanías y saber en todo momento cuánto va a tardar el bus que estamos esperando.


 

Escapando: Fin de semana de tres días en Málaga (2)

El marketing de ciudades y países insiste a las ciudades en que necesitan una identidad que las haga diferente y que permita asociarlas automáticamente a ese concepto cuando su nombre salga en la conversación.

Málaga se ha posicionado en la “genialidad” basándose en la figura de Pablo Picasso, pintor malagueño que abandonó la ciudad con tan sólo 18 años y a la que nunca más volvió, aún así, inspirados en él se han creado numerosas rutas para descubrir la ciudad que atraen, especialmente, al turismo internacional.

Todas estas rutas tienen una cita imprescindible: el Museo Picasso de Málaga; un buen lugar para empezar el segundo día de visita a la ciudad.

Fachada Museo Picasso de Málaga

El Museo ocupa las instalaciones del Palacio de Buenavista, un precioso recinto que compite en valor con las obras que acoge. Además de la colección permanente, suele haber un par de exposiciones temporales de interés. Desde este mes de marzo y hasta el próximo 10 de junio, se puede visitar “Conmigo, yo mismo, yo” un conjunto de retratos fotográficos de Pablo Picasso verdaderamente curioso.

Por supuesto, estamos ante una de las llamadas “visitas imprescindibles” de la ciudad y este hecho tiene sus consecuencias: colas, gente que va al museo porque hay que ir aunque no está interesado, ruido en la sala… Una lástima, pero esto pasa en el Museo Picasso, en el Prado o en el propio Hermitage.

Ahora bien, también hay que reconocer que el Museo Picasso de Málaga no pone mucho de su parte: ¡un domingo en pleno puente había una única persona vendiendo entradas! Dejando de lado la burocracia y los turistas, el museo es pequeño pero interesante y merece dedicarle un par de horas.

A la salida te espera un circuito por otros edificios conmemorativos del paso de Picasso por Málaga como son la Iglesia de Santiago, su casa natal, la Fundación Picasso o el monumento en su honor que se encuentra en los Jardines que llevan su nombre.

Después de este recorrido tan inspirado, toca coger un autobús y alejarse un poco del centro de la ciudad; próxima parada: Jardín histórico-botánico La Concepción. Si vas en fin de semana, lo mejor es coger el autobús 61 que te deja en la puerta del jardín. La Concepción es el resultado del sueño de una pareja de aristócratas que, tras recorrerse Europa, volvieron a Málaga con la idea de crearse un lugar en el que disfrutar de la calma y la tranquilidad tan al estilo de los parques europeos. Un siglo después, es considerado el jardín tropical más importante de España… y no es para menos. Pasear entre sus caminos de flores es un genial forma de desconectar de la rutina viajera.

Flores en La Concepción

Vuelta a Málaga y antes de seguir con la ruta hay que hacer una pausa necesaria en la Antigua Casa de Guardia para probar sus vinos con una ración de gambas mientras los parroquianos y camareros te cuentan alguna de sus historias. Se trata de un de los locales más auténticos de toda Málaga pero, eso sí, cuidado con sus vinos porque enganchan.

Antigua Casa de Guardia Málaga

El siguiente destino es el Centro de Arte Contemporáneo que ocupa lo que antiguamente era un mercado de mayoristas. Sus grandes estancias están llenas de tendencias y creatividad y, aunque no está en todos los circuitos turísticos, debería hacerse un hueco para su visita en cualquier planning.

Centro de Arte Contemporáneo de Málaga

Y para acabar la tarde de una forma tranquila lo mejor es dar un relajado paseo por El Parque y el Puerto de la ciudad para acabar en la Playa de la Malagueta.

Puerto de Málaga

Si a estas horas ya estás pensando en cenar algo, aquí tienes una recomendación El Pimpi la Florida. ¿Qué tiene de especial este pequeño bar de barrio? Todo, pero, especialmente el buen humor que se disfruta. Eso sí, ve pronto porque es difícil conseguir sitio.

El Pimpi la Florida

Una vez allí, disfruta de la copla a todo volumen, de su excepcional marisco y de los vinos que vayan cayendo uno detrás de otro.

 

Escapando: Fin de semana de tres días en Málaga (1)

Desde que hace 5 años se inaugurara el AVE que une Madrid y Málaga en tan sólo dos horas y media, los 540 kilómetros de distancia que separan ambas ciudades ya no son un problema para pasar un fin de semana en la ciudad andaluza.

Buganvillas caídas

Si madrugas y tomas el AVE de las 7:30h, a las 11h estarás desayunando tan ricamente en el Café Central de la Plaza de la Constitución, todo un clásico entre turistas y lugareños. Es famoso el mural que en su interior muestran las infinitas formas de pedir café que existen en Málaga y por su excelente ubicación aunque, sin duda, encontrarás mejor servicio en cualquier otro bar de la ciudad.

De la misma Plaza de la Constitución sale el Pasaje de Chinitas, una pequeña calle que acogía anteriormente el conocido Café de Chinitas y en la que ahora los restaurantes y las tiendas de souvenirs que se solapan unos con otras, intentan mantener vivo el espíritu tradicional de esa zona.

Detalle del Patio de los Naranjos

Siguiendo su senda se llega al Patio de los Naranjos donde están dispuestas la Iglesia del Sagrario y la Catedral. La primera ocupa el lugar de la anterior Mezquita y aunque de reducidas dimensiones tiene tanto una fachada como un interior interesantes; ni por historia ni por monumentalidad puede hacer frente a su vecina pero por sensaciones, me quedo con la que te provoca el Sagrario. Por supuesto, es difícil decir que no a la Catedral y terminas pagando los 5€ de la entrada; su interior, monumental y tradicional, no consigue dar la sensación de aplomo y espiritualidad que otros templos españoles sí logran. Su interior es… frío, a pesar del fantástico coro, el imponente órgano y un par de pequeños retratos curiosos la impresión con la que salí (y aquí recurro a la primera persona porque es una opinión aún más subjetiva que la que existe en todo el post) es que no hubiera pasado nada si no hubiera entrado.

Catedral de Málaga

Tras salir de la Catedral y rodearla hasta la Plaza del Obispo te encuentras con la entrada al Palacio Episcopal, uno de los edificios más interesantes de la ciudad y mejor conservado, que acoge el Museo de Málaga.

Interior del Palacio Episcopal de Málaga

Volviendo por nuestros pasos iremos al encuentro del nuevo Museo Carmen Thyssen. Hace justo un año, el rehabilitado palacio de Villalón abrió sus puertas para mostrar la colección de arte personal de Carmen Thyssen. Se trata de un museo pequeño pero excelentemente iluminado y con obras magníficas. De momento, no parece estar excesivamente solicitado por lo que pasear entre sus cuadros es una agradable experiencia. Especialmente significativos son las obras de Antonio Maria Reyna –Vista de Venecia-, Julio Romero de Torres –La Buenaventura-, Ramón Casas –Julia-, Eugenio Lucas Villaamil –Llegada al teatro en noche de baile de máscara-, Guillermo Gómez Gil –Lavandera– y Enrique Martínez Cubells –La Puerta del Sol de Madrid-.

Terraza del Museo Carmen Thyssen

Si, como yo, acabas de llegar de Madrid o de cualquier punto del interior seguro que estás deseando escaparte a ver el mar… la hora de la comida es un buen momento para hacerlo

El autobús 11, que se coge en el Paseo del Parque, te lleva a la Playa del Chanquete donde tienes una enorme oferta de bares, restaurantes, chiringuitos y demás lugares para disfrutar de una gran comida.

Uno de ellos, siempre a rebosar, es El Tintero. Se trata de un sitio algo diferente al resto de los locales que se apiñan al borde de la playa ya que en este restaurante se “subastan” los platos de pescaito que van saliendo de la cocina. Por eso mismo, se trata de un lugar muy ruidoso pero, al mismo tiempo, muy divertido. Es una experiencia estar a la caza del plato atento a los gritos de “boquerones”, “salmonetitos fritos”, “la peregrina a la plancha”, “una tropical”… y el puntual: “y yo cobro” que anuncia que la persona encargada de hacer la cuenta de la mesa está cerca. Sin duda, uno de esos sitios memorables que recordaras tanto por su comida como por la experiencia, más allá de lo culinario, que supone estar allí.

Restaurante El Tintero en Málaga

Y luego queda una tarde para pasarla paseando por la playa y tomando algo en sus cafés, como el Mandala, en el Paseo Marítimo del Pedregal número 3, con una excelente terraza en la que ver ponerse el sol sobre el mar.

Vuelta al centro de la ciudad, por suerte, Málaga cuenta con un amplio y frecuente servicio de autobuses por lo que el regreso no será muy pesado. Un consejo, aunque se trata de una ciudad accesible a pie, conviene echar cuentas y sacarse una tarjeta de autobuses ya que de esta forma el viaje saldrá mucho más barato que pagando cada billete suelto.

Toca pensar en irse a descansar. Un posible alojamiento es el Hotel Larios de la cadena Room Mate; que tiene una excelente ubicación y unas bonitas habitaciones.

Unas horas antes estabas abandonando la estación de Atocha con un cielo aún sin color. Ahora, te acuestas con el eco del mar, el olor del pescaito y la sensación de que mañana será otro gran día.

Escapada de fin de semana a Londres: Día 3

Paseos y suspiros

Se acaba el tiempo pero no la ciudad. Quedan tantos sitios geniales de Londres fuera de un planning de tres días: ir de galería en galería por el barrio de Chelsea, visitar el Albert & Victorian Museum, volverse loco en el mercado de Spitalfield, recorrer la City un día laborable, descansar del siglo XXI en Fitzrovia, escaparse a Greenwich, disfrutar de las mansiones georgianas de Regent’s Park…

Pero antes de lamentarse por lo que no se ha podido ver hay que degustar las últimas visitas:

Lo primero es dar un paseo por el Bloomsbury. Curioseando por sus tiendas y disfrutando de la elegancia del barrio y, una vez que abra, habrá que encaminarse al Museo Británico. Es imposible encontrar una hora buena para visitar el museo ya que a todas horas desembarcan en él autobuses de turistas que colonizan todas y cada una de sus salas. Pero, con paciencia y sin perder los nervios es posible verlo todo razonablemente bien.

Grupo de turistas ante la piedra Rosetta

Caballo del templo griego Halikarnassos

El siguiente objetivo es otro de los grandes parques de la ciudad: Hyde Park y los Jardines de Kensington. Se trata de andar y buscar sitios agradables en esta enorme área verde en el centro de la ciudad.

Y, una buena forma de acabar el viaje puede ser una visita al Mercadillo de Camden. Es cierto que este mercadillo vivió épocas mejores y que ahora existen otras opciones más interesantes en la ciudad pero, sin duda, el ambiente de este barrio y de este lugar sigue invitando a la gente a recorrerlo, aunque no se tenga ninguna intención de comprar nada.

Puesto de discos en Candem Town

Si os encontráis por allí a mediodía, valorar la opción de comer en el Market restaurant. Muy recomendable.

Y luego toca despedirse de la ciudad. Algunos podrán permitirse alguna última visita, otros nos tuvimos que ir entonces sin pensarlo demasiado porque, si lo haces, si te sientas a valorarlo y a razonarlo en serio, de Londres no se iría nunca nadie.

Y es que, como dice Enric González en sus “Historias de Londres”:

Hay ciudades bellas y crueles, como París. O elegantes y escépticas, como Roma. O densas y obsesivas, como Nueva York. Londres no puede ser reducida a antropomorfismos. Siglos de paz civil, de comercio próspero, de empirismo y de cielos grises la han hecho indiferente como la misma naturaleza. Quizá exagero. Quizá Londres sea una proyección del carácter inglés. No hay sentimentalismos, ni derroches de pasión, ni verdades con mayúsculas. Por una u otra razón, Londres reúne las condiciones óptimas para que florezca la vida. Es difícil no sentirse libre en esa ciudad inabarcable y a la vez recoleta, sosegada como el musgo de sus rincones umbríos, donde caben el arte y su reverso técnico, el kitsch, sin estorbarse mutuamente, donde la Justicia, ese concepto peligroso, metafísico y continental, pesa menos que la sensatez a escala humana del fair play.

Escapada de fin de semana a Londres: Día 2

Al ritmo del Támesis

Londres es todo lo que se ha visto el primer día, toda esa colección de postales típicas y reconstrucciones en forma de souvenirs baratos. Pero el itinerario de este día también recorre el Londres más popular y carismático aunque con menos cliches. El de hoy es un paseo por aquellos otros lugares de la ciudad que, aún siendo imprescindibles para una primera visita a la ciudad, tienen un aire más pausado, más placentero… más “disfrutable” aún estando hablando de lugares conocidos y muy turísticos.

Desgraciadamente, el día empieza madrugando para ir al Mercadillo de Portobello Road (Metro: Ladbroke Grove, Notting Hill Gate), no se trata de llegar temprano porque el mercadillo cierre pronto sino de poder evitar a todos los grupos de turistas que llegan en autocares a media mañana. Aún así, gente (y mucha) habrá curioseando por los puestos de este carismático mercado pero si vas a primera hora de la mañana podrás moverte con mayor libertad. Para los fanáticos de los libros y los viajes (y para los cinéfilos), en el número 13 de Blenheim Crescent se encuentra la librería The Travel Bookshop, una auténtica gozada de tienda llena de libros interesantes y que se hizo famosa debido a la película Notting Hill (si os interesan las librerías de viajes no os perdáis  Stanfords, cerca de Covent Garden, en Long Acre 12-14: tres plantas de perdición en forma de libros, guías, mapas, cuadernos y artilugios varios).

Compras en el mercado de Portobello

Tras pasear por el mercadillo toca coger el metro de nuevo, dirección: St Paul’s Station.

La Catedral de St. Paul ha terminado recientemente su larguísima reconstrucción y ya se puede contemplar sin andamios (¡ya era hora!). Ahora bien, su precio (14,50 Libras), sus horarios de visita cambiante y su cuestionable interés puede hacer que decidáis no entrar (no os preocupéis, no será una tacha grande en vuestro viaje).

Cerca de St. Paul se encuentra el Puente del Milenio que desemboca en la Tate Modern, podéis acercaros para verlo desde esta orilla del Támesis o continuar andando por la rivera del río hacia el sur.

Cuando lleguéis a la Torre de Londres tendréis que tomar otra decisión similar a la que ya habréis tomado anteriormente en St. Paul: entrar o no. Si nunca habéis estado antes en la ciudad, la Torre de Londres merece mucho más la pena que la Catedral pero, eso sí, también os llevará mucho más tiempo recorrerla y el precio es otro condicionante a tener en cuenta (casi 20 libras si no has comprado la entrada antes por Internet, en ese caso serán £17). A favor: el momento friki desfilando en cinta mecánica delante de la corona de la Reina, las curiosas fotografías que se pueden sacar a los cuervos que pululan por el recinto (sin posibilidad de escaparse ya que se les corta un ala para impedir que vuelen y que se haga realidad la leyenda que augura el final de la monarquía británica si esto ocurre) y encontrarse en un bien conservado recodo de la memoria histórica de la ciudad.

Entres o no a la Torre, el  camino continúa por el mismo lugar: cruzando el Puente de la Torre.

Puente de la Torre

Una vez en el otro lado del Támesis toca cambiar un poco la mentalidad: no se trata de buscar edificios famosos, se trata de disfrutar del impresionante ambiente que se respira en esa zona de la ciudad.

Lo primero de todo es ir hacia los antiguos almacenes de la zona sur, allí, además de curiosas viviendas unidas por pasarelas de hierro, encontrarás agradables restaurantes con terraza y el museo del diseño, cuyo interés varía según la exposición que en ese momento acoja. Conviene echar un vistazo a su exterior porque siempre te puedes encontrar alguna sorpresa…

Luego retrocedemos por donde hemos venido y seguimos el curso del río viendo en nuestro paseo:

–        City Hall. Es uno de los primeros edificios que encontramos tras cruzar el Puente de la Torre. Fue diseñado por Norman Foster y su curiosa forma le ha hecho merecedor de muchos motes, uno de ellos le apoda como “el testículo”. Probad a ver si os dejan subir a la última planta, las vistas deben ser muy buenas.

–        Hay’s Wharf. Este muelle se ha reconvertido en una galería comercial cubierta con una plaza en la que se hacen exposiciones de arte o exclusivos mercadillos.

–        Borough Market. Para ir al mercado hay que apartarse un poco del curso del Támesis pero sin duda merece la pena. Se trata de uno de los mercados de comida más antiguos de la ciudad pero de lo que fue su objetivo inicial, abastecer de productos frescos a los londinenses, ya queda poco. Ahora se trata de un mercado gourmet, especializado en delicatessen de todas las partes del mundo. Tanto por su ubicación (bajo las vías del ferrocarril), como por lo ecléctico de su público y, por supuesto, por su excelente oferta gastronómica, merece la pena pasar por aquí y probar una de sus miles de cervezas, panes, dulces, quesos, pasteles de carne, sidras… o simplemente curiosear entre sus puestos, dejándose llevar de un lado a otro por la vista o el olfato.

Detalle del Borough Market

Puesto de manzanas en el Borough Market

–        Catedral de Southwark. Pequeña y silenciosa pasa muy desapercibida debido a dónde se encuentra y a con quién compite pero merece la pena echarle un vistazo. Los londinenses usan sus jardines para organizar picnics matutinos donde disfrutan de las viandas adquiridas en el Borough Market, muy chic.

–        Shakespeare’s Globe. Una vez de vuelta al Támesis pasamos por el famoso teatro donde Shakespeare presentó sus obras principales (más bien, por la reconstrucción que el marketing ha hecho famosa). En verano se representan obras teatrales y suele haber unas colas tremendas para conseguir entradas.

–        Tate Modern. Hace bastantes años, la Tate Modern era la hermana fea y todos los elogios se los llevaba la apuesta Tate Gallery. Como las cosas cambian, los gustos se refinan y las tendencias artísticas fluctúan al compás (o no) de la Bolsa, ahora la Tate Modern se ha convertido en un punto de visita obligado para todos los que visitan Londres (desgraciadamente, también para aquellos que no tienen ningún interés en el arte contemporáneo). Si dejamos de lado las modas, la oferta cultural de la Tate Modern es simplemente inigualable. Guarda unas cuantas horas de tu día para visitar tranquilamente este sensacional museo.

–        OXO Tower. Este altísimo y emblemático edificio ofrece unas vistas geniales de Londres.

–        Gabriel’s wharf. Si estás buscando un sitio para tomar algo, quizás esta zona sea una buena opción. Diferentes bares y restaurantes llenan las aceras de buen ambiente. Eso sí, no tengas prisa, sentarte en sus terrazas no debería ser posible si no piensas disfrutar del lugar un buen rato.

–        Puente de Waterloo. Si las vistas desde el Puente del Milenio son increíbles, las que se consiguen desde este otro puente no lo son menos.

Vistas desde el Puente de Waterloo

–        Royal Festival Hall. Se puede acceder al interior sin necesidad de que se represente ningún evento. Su programación es muy variada por lo que conviene echar un vistazo a su web.

–        County Hall. Estos antiguos edificios oficiales hoy albergan un remix de cosas: desde un acuario a una exposición de Salvador Dali pasando por restaurantes, cafeterías y una tienda de souvenirs.

–        London Eye. La super-noria de Londres es casi el final de este recorrido. Para los amantes de las alturas y las vistas vertiginosas parece un (casi) final perfecto al día.

–        Somerset House. Al otro lado del río se encuentra estas antiguas oficinas gubernamentales que hoy albergan restaurantes, cafeterías y, sobre todo, unas salas de exposiciones muy recomendables como son el Courtauld Institute of Art y el Gilbert Collection of Decorative Arts.

Patio de la Somerset House

Es sábado. Lo difícil es encontrar un sitio que no esté animado de la ciudad: es un buen momento para buscar un sitio para cenarr o tomar algo por el Soho o Covent Garden y apuntarte al plan que surja.

Escapada de fin de semana a Londres: Llegando a la ciudad

 Viajes diferentes a un mismo destino

Desvirgar un destino y tacharlo de tu lista de viajes pendientes tiene algo de ilusionante. Es como abrir el primer regalo el día de Reyes o empezar en un trabajo nuevo: todo son cosas por descubrir, todo te llama la atención, ante todo te asombras. La primera vez, sin duda, es especial por la cantidad de imágenes que se te quedan grabadas en la memoria.

Volver a un destino que ya conoces tiene un riesgo muy grande: la decepción por comparación pero, en contrapartida, tiene algo que no se consigue la primera vez que se visita un destino: el revivir un lugar y, especialmente, revivirte a ti mismo, cómo eras entonces, qué sentías, en qué pensabas cuando paseabas por esas calles…

Y, si hay un lugar perfecto para volver una y otra vez ese sitio es, sin duda, la ciudad de Londres.

Cayendo en tópicos podríamos decir que Londres esconde muchas ciudades que ver y que, según sean tus intereses, podrás crear un planning u otro pero, si nunca has estado allí antes y quieres tener una impresión general de la ciudad esta podría ser una buena distribución del tiempo…

Calles y tiendas de Londres

Vuela el día antes >>

Si no tenéis más días para dedicar a  esta escapada intentad juntar un día libre para tener, al menos, tres días enteros en esta ciudad. Tened en cuenta que los aeropuertos están retirados de la ciudad por lo que es aconsejable que, a ser posible, voléis la noche anterior, aunque sea a última hora.

 

Cómo llegar a la ciudad desde Gatwick >>

Si el avión os deja en el aeropuerto de Gatwick tenéis varias opciones para ir al centro de la ciudad:

– La más conocida, turística y cara es el Gatwick Express. Son trenes que en tan sólo 30 minutos de trayecto unen el aeropuerto con Victoria Station. Los trenes salen cada 15 minutos y los tickets cuestan 27,40 Libras i/v sacándolos por internet. Lo más interesante de esta opción es que los tickets se pueden comprar sin fecha ni hora, por lo que no tienes que hacer cálculos de si el avión aterrizará con retraso… Info sobre Gatwick Express

– Otra opción más barata e igual de cómoda son los Southern trains, una especie de trenes de cercanías. Hay muchísimos precios y su duración también es variables pero calculad unas 12 libras y unos 30 minutos hasta Victoria Station. El punto negativo es que si quieres que los billetes no tenga un horario fijo (por lo que comentaba antes del posible retraso del avión) el precio se incrementa hasta las 22 libras (aún así sigue siendo una opción más barata que Gatwick Express pero también hay que tener en cuenta que la frecuencia de estos trenes no es tan alta). Info sobre Southern trains

 

Al metro con tarjeta >>

Una vez en Londres, lo más cómodo es sacar una tarjeta Oyster y cargarla con suficiente dinero para el fin de semana (calculad unas 20 libras para los tres días dependiendo de lo que os mováis andando… de todas formas, si os pasáis cargando la tarjeta no ocurre nada porque luego te devuelven lo que ha sobrado). En la propia estación puedes comprar la tarjeta (5£ que luego te devuelven cuando entregas la tarjeta). Info sobre la tarjeta Oyster 

 

Sobre el alojamiento >>

Si algo se caracteriza la ciudad de Londres para sus visitantes es por tener una de las peores ofertas hoteleras de Europa. Los alojamientos son caros, escasos y poco higiénicos. La mejor opción es salirse del centro más turístico para buscar hotel. Una buena alternativa es la zona de Bloomsbury o King’s Cross que se encuentra muy bien comunicada y a escasa distancia de los puntos de interés.

Sin ser ninguna maravilla, el Hotel Ibis London Euston St. Pancras es una opción correcta: a escasos metros de la parada de metro de Euston, las habitaciones impersonales son grandes pero limpias y agradables.

 

Si habéis llegado a última hora lo mejor que podéis hacer es iros a descansar. Eso sí, acordaros de cambiar la hora al reloj antes :)

Tendero en un mercado de Londres