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DICCIONARIO DEL TRANSIBERIANO: M de Moscú

Diccionario del Transiberiano: Un pequeño repaso al viaje siguiendo el mapa del alfabeto.

Moscú, origen del Transiberiano

M de Moscú

Quedémonos con su sentido como origen. Por significar “comienzo”, por servir de línea de salida real en este imaginario recorrido.

Olvidémonos de su repercusión en la Historia mundial, de su corrupción, de ser la capital de un estado dudosamente democrático, de la diferencia de clases que te encuentras en sus calles, de su tráfico y sus prisas.

Si le quitamos la gloria y sus desgracias, Moscú aparece como una ciudad que está resucitando, que emerge y que promete borrar el gris de su paleta de colores y situar al blanco puro como su color corporativo.

Nuevos barrios que apuestan por el diseño, antiguas zonas rehabilitadas, lujo y cultura conviviendo… Una buena mezcla para despedirte de tierra firme durante unos días y emprender el viaje en tren a lo largo de ese inmenso país.

Moscú es una parte ineludible del Transiberiano. Parece el origen perfecto, un escenario del que disfrutar antes del viaje y suspirar de alivio cuando, sentado en el tren, dejas atrás esa ciudad.

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#Transiberiano2011 >> Trayecto Moscú – Irkutsk

Tren Rossiya (Ruta Moscú – Vladivostok). Vagón 2. Compartimento 6. Litera 23. Duración: 74 horas y 45 minutos.

De duración variable pero de kilómetros fijos: 4.369 km. Este tramo del viaje es el que tienen en común las tres posibles variantes del viaje: da igual que pretendas hacer el Transmanchuriano, el Transmongólico o el auténtico Transiberiano, todos los itinerarios pasaran por este punto.

Las 75 horas que duran el trayecto pueden asustar sobre el papel pero, una vez en el tren, el tiempo va pasando de forma sosegada.

El primer día de ruta (estrictamente sería el segundo si conmutamos como día 1 la media hora del jueves que cogimos el tren) tiene un claro protagonista: el brillante sol que acompaña toda la marcha. La temperatura de día no baja de los 25º y se agradecen los rayos que, a través del cristal, te tocan la cara.

El primer día en el tren quieres conocerlo todo, curiosear tu compartimento y el resto de vagones. Todo te sorprende y todo lo quieres comentar. Un día después el samovar y el resto de las novedades de la jornada previa habrán pasado a ser tan habituales para ti como el microondas o el buzón de tu casa.

Compartimento tren Rossiya

La jornada segunda varía poco de la primera: bosques inmensos que sólo se ven interrumpidos por pequeñas aldeas que a veces dan la sensación de estar abandonadas y aisladas del mundo.

Fuera del tren la temperatura continúa siendo elevada aunque hoy hay más bruma y el día está menos brillante. Dentro, todo sigue el mismo orden y la misma rutina, tú

Todo sigue tranquilo. Tu compartimento es tu fuerte y en él te sientes a gusto y seguro. Cada bajada al andén en las numerosas paradas es una pequeña incursión en tierra desconocida. Nuestra provodnitsa nos vigila cada vez que nos alejamos del tren, somos su responsabilidad y parece totalmente entregada a su misión: llevarnos sanos y salvos a Irkutsk; aunque no sabe una palabra en inglés no tenemos problemas para comunicarnos, por suerte los gestos entre las dos culturas no varían mucho.

Venta de comida casera

El tercer día de ruta el paisaje empieza a cambiar. Es más montañoso y los pueblos con los que te vas cruzando parecen más autosuficientes: ves huertas, invernaderos, graneros, rebaños de animales… Las casas continúan siendo de maderas de colores con los tejados en contrachapado oscuro y con esa singular forma. Según te vas internando en Siberia te das cuenta como el otoño se está aproximando rápidamente a estas tierras. No importa que aún estemos a 28 de agosto, aquí las hojas de los árboles ya empiezan a palidecer e incluso muchas de ellas se han vuelto rojas. La temperatura también ha bajado. De los 25 grados que hubo el primer día de ruta, ahora apenas alcanza los 12º aunque el cielo continúa despejado.

Por la noche toca recoger todo lo que durante tres días has ido esparciendo por el compartimento y preparar las mochilas. A las siete de la mañana (hora local) el tren llegará a Irkust. Toca abandonar el pequeño refugio que durante más de 3 días ha sido tu hogar y tu medio de transporte.

Una vez en tierra prometes volver en unos días pero, claro, no será a ese tren, ni con esa gente y muchos menos con el ánimo pausado con el que ahora te lanzas a una madrugadora ciudad siberiana que te ha dado los buenos días bajo una impresionante manta de niebla.

Letrero tren Rossiya

 

#Transiberiano2011 >> Trayecto Helsinki – San Petersburgo -Moscú

Tren Allegro. Recorrido Helsinki – San Petersburgo. Duración: 3 horas y media

El primer tren del viaje tenía todos los ingredientes del tren occidental moderno que tanto se estila en Europa: colores neutros, líneas curvas y pequeños detalles para intentar ser acogedores pero siempre con ese “algo” que te deja bien claro que estás de paso.

Por su parte, la primera frontera terrestre que pasamos fue, como todo ese recorrido, algo sencillo y poco anecdótico: un formulario que rellenar, una parada de no más de 10 minutos, identificar tu equipaje y enseñar tu visado. Listo, abandonas Finlandia y entras en Rusia sin alteraciones.

Estación de tren de Helsinki

Tren nocturno Smena – A. Betancourt. Coche 3. Litera 15. Duración: 8 horas y cuarto.

El segundo tren, este nocturno y ya metidos de lleno en pleno caos ruso, fue tambien insípido y cómodo: compartimos vagón con una madre y su hijo que estaban tan deseosos de irse a dormir como yo. Lo único sorprendente y que se salió del guión fue que nuestra esperada provodnitsa era un chavalín joven, que hablaba inglés y que, por sus buenos modales, no parecía muy ruso. Al amanecer llegamos a Moscú, con un sol espléndido y después de haber descansado bien.

Tren nocturno San Petersburgo - Moscú

#Transiberiano2011 >> ¿Existe el Transiberiano?

Un día, en un lugar de mi cabeza, surgió la idea de montarme en un tren y partir de Rusia hacia tierras extrañas.

Hace unos meses me planteé que podía haber llegado el momento de hacer realidad esa nebulosa ocurrencia.

Entonces me pregunté… ¿existe el Transiberiano? ¿O es tan sólo otro producto de ficción encumbrado por una magnífica campaña de marketing, elucubrada y viralizada por centenares de escritores, fotógrafos y aventureros?

De ese interrogante surgieron muchas otras preguntas relacionadas con los paisajes que ves, los sonidos que te llegan y las sensaciones que acumulas… tantas preguntas debían obtener respuesta y sólo había una forma de llegar a ella.

Desde entonces, he robado minutos a una rutina alienada para leer a otros viajeros que antes hicieron ese viaje, buscar alternativas a los problemas que iban surgiendo y analizar los pros y los contras de cada punto que iba tratando.

http://www.tripline.net/api/tripviewer.swf

El viaje avanza, poco a poco, a base de tomar decisiones. Pequeños pasos que hoy se resumen en estas líneas:

Elección de las fechas y la duración:

Este punto condiciona el resto de puntos y, en mi caso, está a su vez condicionado por mis vacaciones laborales. Finalmente, el viaje durará un mes: desde mediados de agosto a mediados de septiembre.

Elección de la ruta:

Aunque Transiberiano es una palabra muy sonora y especial, en este caso la ruta elegida no será esa sino el Transmongoliano. Es decir, la que parte de Moscú y llega a Beijing atravesando Mongolia.

Pero como todos tenemos leyendas e imágenes grabadas en la cabeza podemos permitirnos la osadía de variar esa ruta histórica y darle un nuevo comienzo y un final distinto.

De este modo, “mi” Transiberiano partirá de San Petersburgo para llegar a Shanghai, pasando, por supuesto, por Mongolia.

Este era el esquema originario pero, en un viaje, todo puede cambiar en muy poco tiempo…

Elección de las paradas (itinerario):

Como todo en la vida, el itinerario es cuestión de prioridades. Aunque, además de eso, existen condicionantes como los horarios y el presupuesto que te limita esas “prioridades”.

El primero de ellos ha sido la dificultad para encontrar un billete en el horario que buscaba y dentro del rango económico que podía pagar de Madrid a San Petersburgo. Nunca en la vida hubiera pensado que precisamente ese trayecto me fuese a dar problemas pero ha sido un pequeño dolor de cabezas que se ha resuelto con la siguiente alternativa: volar a Helsinki y tomar allí un tren hasta San Petersburgo (ahorrando tiempo y dinero). Es decir, que el trayecto en tren se amplía en un país y en 420 kilómetros :)

Así que, de momento, estas son las paradas que ahora ocupan el primer borrador del planning:

Helsinki > San Petersburgo > Moscú > Kazan > Irkutsk > Ulan Bator > Pekín > Shanghai

No parece mucho pero todas estas palabras son la conclusión de horas y meses dando vueltas a este viaje.

No parece mucho pero gracias a eso hoy, ese cuestionable Transiberiano (sí, conservemos el nombre legendario aunque no sea esa la ruta a recorrer), es un poco más real.