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Los viajes de mi vida

 En esas listas mentales que todos nosotros nos hacemos y más de uno publica, es normal preguntarse cuál ha sido el mejor viaje que hemos realizado hasta la fecha.
Reconozco que soy una persona afortunada que ha hecho grandes viajes y, sobre todo, ha disfrutado lo indecible en cada uno de ellos será por eso que me cuesta más subrayar un único viaje.
Antes de intentar contestar a esta pregunta deberíamos definir qué hace que un viaje sea el mejor: ¿que vayamos muy lejos?, ¿que aprendamos mucho del país en el que estemos?, ¿que nos lo pasemos en grande?, ¿que volvamos con miles de fotografías que dejan a cualquiera boquiabierto?, ¿que nos pasemos las siguientes semanas suspirando por volver?, ¿que hagamos realidad un sueño?, ¿que experimentemos emociones nuevas?, ¿que nos descubramos a nosotros mismos?, ¿que, una vez que volvemos, nos parezca increíble haber estado allí?…
Maletas antiguas en un mercado chino
Para cada una de esas preguntas hay un viaje que se podría considerar el mejor pero si queremos unificar criterios quedémonos con que el mejor viaje de nuestra vida tiene que haber hecho de nosotros mejores personas, habernos llenado de energía y ganas para afrontar peores momentos y nos ha permitido descubrir lugares y personas que parecían ciencia ficción en nuestra cabeza.
Si es así, me inclino a pensar que el mejor viaje de mi vida fue el mes que pasé en Japón recorriendo la isla de norte a sur. Sé que nunca podré repetir ese viaje porque la Elena que cogió el avión con destino a Tokio poco tiene que ver con esta que escribe ahora este post, por eso temo volver aunque lo deseo indeciblemente y es que no quiero encontrarme con que lo que entonces me maravilló hoy ni siquiera reluzca un poco ante mis ojos.
Templo de Nara (Japón)
Otro viaje que lucha por ser el viaje de mi vida fue las semanas que pasé en Myanmar. La memoria, que es sabia cuando quiere, se ha encargado de atenuar las enfermedades y me ha grabado en la cabeza una única cosa: la sonrisa de los birmanos y el soniquete cantarín con el que te daban los buenos días en todo momento: ¡Mingalarbar! Aún me sigue costando comprender cómo me sentí tan acogida en un país con un régimen dictatorial que asfixia a sus habitantes.
Pescador en el Lago Inle (Myanmar)
Y, por qué no, busquemos un tercer viaje. Por eso del famoso podium, en este caso sí tengo más dudas. Quizás podría ser el Transiberiano por la experiencia y el reto vital que supuso, Argentina por lo ansiado que fue o Nueva York porque allí se cumplieron muchos sueños pero creo que hay otro viaje, más pequeño y cercano, que se merece esa posición: recorrer Islandia al ritmo de Sigur Ros fue todo lo espectacular que podía pedir; tuvo tanta magia, energía y latidos como la música de este grupo.
Cascada Seljalandfoss (Islandia)
¿Y qué quiero decir con esto? ¿Que los países/viajes que más recomiendo son esos tres? Para nada. Recordemos el posesivo que aparece en el titular de este post: son los viajes de mi vida. Son experiencias personales, subjetivas y difícilmente extrapolables a ningún otro ser en este mundo. Ni siquiera a tus compañeros de aventura que vivieron contigo esas experiencias. Recordemos nuestras clases de filosofía del instituto: “Yo soy yo y mis circunstancias” lo que, aplicado a un viaje, quiere decir que como yo me encuentre hará que considere más o menos maravilloso un paisaje o más o menos espantosa una situación difícil.
Ahora tengo un reto: hacer que dentro de unos años, nuevos viajes hayan desbancado a estas tres experiencias de mi top experiencial.

Argentina y Chile de la A a la Z: A de Aerolíneas Argentinas

Aerolíneas Argentinas: La mayor compañía argentina, gestionada por el estado, es la mejor opción para moverse dentro del país si no dispones de tiempo suficiente como para hacer los desplazamientos en coche o bus. Además, en comparación con LAN, sus vuelos salen más económicos si optas por uno de sus dos planes de precio para visitantes: Visite Argentina (airpass para vuelos internos dentro de Argentina)y South American Pass (cuponera que sirve para recorrer diferentes destinos dentro de Latinoamérica).

Si quieres saber cómo funciona la cuponera Visite Argentina, aquí te lo cuento.

Avión de Aerolíneas Argentinas

Verdades y mentiras sobre Aerolíneas (desde mi experiencia personal):

  • Siempre lleva retraso: FALSO. Después de realizar 8 vuelos internos con la compañía, los resultados negaron esta evidencia (o, al menos, en parte): 4 vuelos con retraso y 4 sin retraso.
  • Sus aviones son viejísimos: CIERTO. Se trata, en la mayoría de los casos, de aviones comprados a otras compañías que no se encuentran en su mejor momento.
  • Mal servicio de atención al cliente: FALSO. Tanto en la tienda de Madrid como a través de las redes sociales o en los puestos de atención en Argentina, el personal de Aerolíneas se mostró más que atento para ayudarnos con nuestras dudas.
  • Pueden cambiar los horarios cuando lo deseen: CIERTO. Antes de partir hacia Argentina recibimos 3 emails modificando el horario de nuestros vuelos.
  • Son muy estrictos con el peso del equipaje: FALSO. En ningún momento pusieron problemas con el peso de nuestro equipaje que, para ser sinceros, superaba el permitido.

Hablando de las empresas de viaje del futuro

Ayer escribía acerca del viajero del futuro, de aquí surgieron algunas reflexiones sobre qué pide este nuevo viajero a sus viajes (y a los players que están en este sector). Aquí van 10 peticiones viajeras:

  1. Cuéntame una historia: Nadie va a Paris por la Torre Eiffel ni llega a Islandia por casualidad. Los destinos tienen que esconder una leyenda, tienen que prometer una aventura y deben haber creado en todos nosotros una imagen mental de cómo será estar en ellos.
  2. Información: Necesito saberlo todo para poder decidir. Si quieres que opte por tu propuesta dame argumentos que me hagan ver que eres la mejor opción.
  3. Alternativas: Fuera monopolios y opciones únicas. Que toda la vida se haya hecho una cosa de una determinada forma no quiere decir que se tenga que seguir haciendo así.
  4. Multiplataforma: Soy viajera las 24 horas del día ¡tengo un móvil conectado a internet! No esperes a que llegue a una agencia de viajes o a mi ordenador para que pueda ver tu propuesta.
  5. Inspiración: ¿Tienes un hotel y me quieres vender sus servicios enseñándome sólo sus habitaciones? Olvídate. Tu hotel está en una localidad, donde se pueden ver determinadas maravillas y hacer muchas actividades, ¿por qué no me las muestras? No quiero sólo un lugar donde dormir, quiero que sea una base para mis futuras exploraciones. Ginza
  6. Respuestas: Las dudas hacen que entren miedos o pereza. Tienes que estar cerca para darme soluciones a aquellos problemas que surgen antes y durante mi viaje.
  7. Lugares comunes: Los nuevos bares donde encontrarnos y charlar son Twitter, Facebook, Pinterest, Tumblr, G+… A lo mejor no estoy pensando en ti pero si nos encontramos y me cuentas algo interesante seguro que entras en mi top of mind.
  8. Pídeme feedback: Ayer decíamos que no existen dos viajeros iguales, cierto, pero saber qué opina uno de ellos sobre tu servicio siempre te servirá para saber quiénes son tu target y qué buscan en ti. Si mi feedback es bueno, podrás animarme a compartirlo pero si es malo y te interesas por mi opinión, puede que yo no necesite usar las redes sociales como carta de reclamación pública.
  9. Dame lo que te he pedido: Y cóbrame sólo por eso. Muy en la línea de lo que mencionaba Lonely Planet, estamos dispuestos a pagar por extras pero partiendo de un básico mucho más económico que hasta ahora.
  10. Sé único y haz que yo me sienta así: Innova en tu sector y consigue ser diferente, sutilmente diferente es suficiente. Y, lo más importante, haz que todos notemos esa innovación y nos beneficiemos de ella.

 

¿Alguna petición más que haya olvidado incluir? Es el momento :)

 

Hablando del viajero del futuro

Hace poco, Lonely Planet publicó su análisis de cómo será el viajero del futuro y lo reflejaba en estas tendencias:

    • Se acostumbrará a pagar menos por lo básico y más por lo extra.
    • Viajará con más gadgets tecnológicos en su equipaje.
    • Más propuestas y precios más transparentes en el alojamiento.
    • Se apreciará cada vez más el turismo de compras y el gastronómico.
    • Se disfrutará más en los aeropuertos. 
    • Las películas y series nos animarán a viajar.
    • La geolocalización será una de las claves de 2013.
    • Los viajeros cada vez serán más sociales.
    • Volar será más divertido.
    • Se impone el low cost.
    • Los viajeros de negocios buscan el low cost. 
    • Los viajeros (y la industria turística) seguirán buscando los últimos paraísos y los destinos más atractivos.
    • El viajero marca su propia tendencia.

Guía y cuaderno

Para mí, estas tendencias hablan de un cambio en el concepto de cómo se entendía hasta ahora el viaje. Ya no es un lujo, algo exclusivo. Es una opción de ocio. Quizás iría más allá: es una opción de vida y esto los principales protagonistas del sector turístico lo deben entender facilitando y haciendo asequible a todos la posibilidad de emprender un viaje. No sólo ha cambiado el viajero, ha cambiado lo que supone viajar. Hasta ahora, se hablaba de turista, viajero y aventurero pero desde hace algunos años esta división no es real ya que existen muchos más tipos de viajeros y cada uno de ellos entiende el viaje con su propia visión de la vida; está el que quiere viajar en un “todo incluido” y el que prefiere recurrir al couchsurfing pero ambos han elegido viajar y, por tanto, a ambos debemos llamarles viajeros. Esto entronca con la personalización del viaje que señala Lonely Planet en su artículo, es el momento de olvidarnos de lo que hay que ver para quedarnos con lo que queremos ver. El viaje es un disfrute y el viajero elige dónde, cuándo y cómo lo saborea y, por tanto, en qué invierte su presupuesto (tanto de días como de dinero).

 En tránsito

¿Cómo somos los viajeros de 2013? 10 características a tener en cuenta:

  1. Disfrutamos más del desplazamiento. No buscamos la opción más rápida de llegar, sino la más placentera.
  2. Activos. No vamos a esperar a que nos propongan un viaje, vamos a buscarlo. Y no cualquier viaje: nuestro viaje.
  3. Viajeros locales. El viaje está a la vuelta de la esquina y los viajeros sabemos que no tenemos que ir muy lejos para sentir que estamos descubriendo mundo. Nuestra ciudad está llena de rincones que no conocemos y las guías y apps nos ayudan a descubrirla.
  4. Exigentes e informados. ¿Por qué conformarnos con algo que no es lo que se esperábamos? Conocemos nuestros derechos y pedimos que se cumplan. De nada valen los asteriscos, hemos visto ya demasiados.
  5. El alojamiento es parte del viaje. Antes las únicas opciones que había para definir tu alojamiento eran las estrellas del hotel u hostal. Ahora queremos que el lugar que elijamos para dormir añada un plus al viaje.
  6. Los motivos para viajar son insospechados. Desde un libro a una canción o una foto. Cada día más hay motivos inverosímiles que te llevan a enamorarte de un destino.
  7. Inclasificables. No existen dos viajeros iguales por lo que no sirven los paquetes de viajes. Cada viajero hará su propio viaje y nunca será igual que el de otro. Tendrá un toque personal que lo hará único por muy obvio que sea el destino.
  8. Cuentistas. Pero no lo entendáis mal, cuentistas en el sentido de que nos gusta contar lo que vemos y experimentamos. Nuestros viajes son nuestros… y de todo aquel que quiera saber de ellos.
  9. Temáticos. Nunca ha habido tal especialización en los viajes. Desde el enoturismo al turismo ornitológico pasando por los seguidores de un best-seller sobre vampiros o los fans de cierto arquitecto de renombre. Nuestras aficiones moldean nuestros viajes hasta extremos nunca vistos.
  10. iTuristas. Llevamos la enciclopedia más grande que jamas haya existido a todos nuestros viajes que, además, es un traductor, un conversor de divisas, envía mensajes y hace fotos. Viajar sin un smartphone se ha convertido en el verdadero viaje de aventuras.

¿Qué opináis? ¿Estáis de acuerdo con mis 10 características del viajero del futuro/presente?

 

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Podéis consultar el artículo completo de Lonely Planet aquí

Con la palabra crisis en boca de todos… ¿es muy frívolo seguir viajando?

Prima de riesgo, acciones preferentes, bonos basura, fuga de capitales, corralito, recortes, rescates, nivel de déficit, especulación, colapso… estos son algunos de los términos que embotan nuestros sentidos durante 24 horas y que han comenzado a dar forma a una auténtica novela de terror que, por entregas, se vende cada día en los quioscos bajo el formato de artículos de prensa.

Para muchos el mantra, el hechizo, las palabras mágicas que rompen esa depresiva situación son otras más cercanas a trenes, planning, atardeceres, vuelos, cultura, visitas, alojamientos… Los viajes suponen, para muchos, algo más que una escapada momentánea de la rutina. Son una forma de plantearse la vida, suponen esa formación continuada que tanto se necesita, son un balón de oxigeno y una inyección de inquietud y creatividad.

Pero, tras años envueltos en una crisis que va mucho más allá de ser sólo económica, tras estar ciegos y sin luz en el horizonte y viviendo con esa penitencia que nos repiten a cada segundo de: tienes suerte de tener trabajo, o tienes suerte de no tener una familia a tu cargo o, simplemente, tienes suerte: todo puede empeorar en cualquier momento hoy me planteo si este blog, si mis nuevas guías, si mi obsesión viajera es un lujo al que debo resistirme… o es algo más.

Sin entrar en lo que puede costar un viaje y en si se puede viajar por menos dinero del que te gastas en tu casa sí me planteo: ¿son los viajes algo demasiado frívolo para que sigamos hablando de ellos?; ¿plantearse una escapada a un lugar lejano es  ser un inconsciente en los tiempos que corren?, ¿tenemos que rendirnos y dejar aparcadas las mochilas hasta que vuelvan los tiempos felices para todos?

Puede parecer absurda esta perorata porque para muchos la respuesta a estas dudas es sencilla: viaja si tienes posibilidades para hacerlo y no lo hagas si no puedes permitírtelo pero… ¿es esta una solución solidaria?

Quién sabe…

Caminos y viajes

Cuando viajar parece un lujo y no una necesidad a los ojos de un atormentado público cuesta justificar que puede no serlo. Que, de hecho, para muchos no lo es aunque se valore como si fuera la mayor riqueza. Pero, quizás, eso sea por falta de miras, por no plantear el viaje como algo más que un mero disfrute. Ahora que los recortes llegan a la educación, quizás los viajes deban ser valorados como sustitutos a ese déficit de conocimiento que este hecho nos dejará porque con los viajes aprendemos más de lo que pagamos por ellos y no debe haber ninguna crisis que pueda poner freno a nuestro aprendizaje, a que sigamos abriendo nuestras mentes a nuevos planteamientos y a que sigamos creciendo como ciudadanos.

Para acabar, un par de citas de Claudio Magris que apoyan esta idea y que aparecen en el libro que ahora tengo entre manos, El infinito viajar:

“Viajar enseña el desarraigo, pero sentirse extranjero entre extranjeros acaso sea la única manera de ser verdaderamente  hermanos. Por eso, la meta del viaje son los hombres; no se va a España o a Alemania, sino entre los españoles o entre los alemanes”.

“El viaje como persuasión (…) La persuasión, la posesión presente de la propia vida, la capacidad de vivir el instante, sin sacrificarlo al futuro, sin aniquilarlo en los proyectos y los programas, sin considerarlo simplemente un momento que se ha de hacer pasar pronto para alcanzar cualquier otra cosa”.

 

La literatura y los viajes o el auténtico libro-viaje.

Unir pasiones. Obsesiones al cuadrado. Formas de vida que transcurren entre la mochila y la letra impresa, que se llevan una a la otra, que comparten sueños, trenes y kilómetros.

Los viajes que empiezan en un libro y los libros que nos traen de vuelta un viaje.

Esas sinergias infinitas y necesarias para sentirte acompañado al mismo tiempo que te crees único.

Leer y viajar, esas dos actividades que parecen tan opuestas (la una tan estática, tan egoísta y tan fácil; la otra tan activa, tan social y, a veces, tan complicada) pero que tanto se necesitan y tanto se nutren.

Leeryviajar.com

Con todo eso en la cabeza, la semana pasada echó andar el blog colaborativo: www.leeryviajar.com en el que publicaré algunas reseñas de libros inspirados e inspirados.

El blog ha sido ideado y desarrollado por Iván Marcos, un auténtico hombre multitarea y un viajero empedernido que hace poco tuve la suerte de conocer. En él colaboran grandes viajeros que unen a esta adicción la de la literatura (en mi caso participo más por lectora constante que por viajera en acción).

Date una vuelta por el blog, busca un libro para un (pre/post) viaje  y piensa que este lunes no queda tan lejos de la próxima escapada.

 

La Noche de los Libros Viajeros

Trasladada por motivos religiosos de su fecha original, el miércoles tuvo lugar la Noche de los Libros de Madrid. Podría haber sido reubicada de nuevo en el calendario para intentar agradar a los lectores más futboleros pero, finalmente, se celebró en un Madrid desierto y pendiente únicamente de la televisión.

Algunas librerías especializadas en viajes y aventura decidieron unir ambas pasiones: viajes & libros en una misma noche. Por ejemplo, en la librería De Viaje tuvo lugar el taller de creación de cuadernos de viaje ilustrados a cargo de Joaquín González Dorao, autor de los “Cuadernos de Viaje” que Lonely Planet ha publicado este año.

Joaquín empezó, como todos, siendo viajero antes que escritor o dibujante pero, poco a poco, los cuadernos que siempre lo acompañaban en sus viajes empezaron a tener más y más personalidad hasta que decidió empezar a organizar viajes sólo para pintar. Sus cuadernos, que constantemente ojeaba durante su charla, son una sucesión de dibujos, recortes y texto que permiten tener una visión muy personal del viaje que el autor había llevado a cabo.

Presentación del autor

Cuadernos de viajes hay tantos como viajeros existen. Los que no sabemos dibujar nos conformamos con escribir, pegar y guardar pero nos identificamos igualmente con el resultado que logramos. Es nuestro viaje en tinta, dibujado con caracteres y teñido de los colores que los adjetivos impregnan.

Una persona del público realizó una pregunta muy interesante: ¿estorba un diario a un viajero o engrandece su viaje?

Personalmente me considero una fanática de estos diarios de viaje (adaptados al estilo de cada uno) pero reconozco que a veces me obsesiona no poder estar transcribiendo al cuaderno alguno de los momentos que vivo en el viaje (no es tan fácil ni rápido ponerte a escribir como hacer una foto y ni siquiera siempre tenemos el tiempo y las posibilidades para hacer una foto) y, por supuesto, estos cuadernos van cogiendo valor con los días transcurridos por lo que se suma a la lista de objetos a cuidar y vigilar que acarreamos por cada país.

Ya tengo en mente (y en el cajón de mi mesa) mi próximo cuaderno. Uno que recorrerá conmigo tres países y muchos miles de kilómetros; las acuarelas se quedarán en casa pero seguro que con un boli y muchas letras podré llegar a representar en papel ese viaje.